Mi abuelo

Todo lo descubrí el día en que mi abuelo me invitó a la feria y me habló sobre la emoción con la que la esperaba, pues una de las cosas que más le gustaban era el tradicional juego de la lotería.

La feria está en nuestra localidad durante una temporada del año, sólo si hay alguna festividad; va y viene con atracciones como el torito, los juegos de luces y colores que dan vueltas, el tiro al blanco, entre otras.

Mi abuelo tenía razón sobre lo que me había dicho respecto a la feria: es una de las experiencias más emocionantes que los niños esperan todo el año. Ese día, después de convencerlo para que se subiera conmigo a los caballitos, me regaló un algodón de azúcar tan grande como una pelota; sin embargo, él quería llevarme a jugar lotería.

Por lo que he visto, la lotería es un juego muy común en México. La persona que no tiene dinero juega para ganar y seguir jugando y la que va ganando quiere ganar más, pues se considera suertuda.

Es muy fácil jugar lotería: debes hacer una secuencia de cinco imágenes seguidas antes que los demás jugadores. Dicen que es cuestión del azar ser el primero en lograrlo. Me cuesta un poco comprender qué significa esa palabra; se lo dije a mi abuelo y me sonrió amablemente.

Mientras el señor que cantaba las cartas dictaba el destino del que ganaría o perdería en aquella ocasión, traté de entender la sonrisa de mi abuelo, el significado de la palabra azar y el de aquellas curiosas figuras de la lotería.

Para los mexicanos, estas estampas tienen un valor muy especial, porque las personas que regresan a jugar lotería, como mi abuelo, siempre lo hacen dispuestas a divertirse, esperando que el azar les favorezca. El colorido de las cartas representa el folclore de una nación cálida. Cada imagen es un símbolo que ha crecido en la memoria y la historia de México.

Cuando llegamos a casa, me sentí triste porque perdí todo mi cambio en aquel juego. Mi abuelo me preguntó si había disfrutado su compañía en la feria, le aseguré que sí.

Nunca olvidaré lo que sentí en aquella ocasión. Mi abuelo había vuelto a ser niño y disfrutar de la feria como todos los demás. Sin importar nuestra diferencia de edad, percibí que somos iguales y tenemos la oportunidad de vivir en este país y compartirlo.

Mi abuelo se sentó frente a mí en la sala, junto a la luz de una pequeña chimenea, y me dijo con hermosas palabras y viveza que había descubierto en el juego de la lotería algo que todos los mexicanos no comprendemos, pero que vivimos a diario.

Él me enseñó el significado de aquellas cartas, las cuales representan todo lo que somos; además, me explicó que en esas imágenes encontraría los valores fundamentales para ejercer los derechos y las obligaciones que forjan nuestra identidad.