El Violonchelo

El gran talento que tenía para tocar el violonchelo le había abierto las puertas a un mundo completamente distinto al que conocemos la mayoría de las personas: el de la fama.

Desde que era muy pequeño, su vida había sido del interés de muchas personas, comenzando con su familia, pero ahora su popularidad como intérprete musical hacía de su vida un libro abierto.

Los medios de comunicación publicaban artículos en los que daban detalles de su infancia: sobre la primera vez que había tocado un instrumento, sus actividades preferidas, la comida que más le gustaba y hasta de sus miedos.

Infinidad de cosas que algún día sólo le habían pertenecido al niño y a su familia ahora eran descubiertas por personas que él no conocía, pero que amaban sus melodías.

El mundo de la fama era sin duda halagador, pues con la ayuda de las redes sociales su música podía ser difundida sin límites, pero su vida comenzaba a perder privacidad.

A su corta edad y, con gran talento, llegó un momento en el que las presiones del mundo le hostigaban, pues de pronto ya no tocaba para él, sino para muchos que estaban impacientes por escuchar sus hermosas y bien entonadas melodías.

Recitales, cenas de gala y presentaciones exclusivas se volvían parte de su rutina, y él se sentía contento de que su música llegara a los corazones de infinidad de personas que nunca pensó alcanzar.

Sin embargo, él aún guardaba secretos; uno de éstos era que en la caja de su instrumento, estaba grabado el nombre en italiano de aquella pieza: violoncello. En español, la palabra es violonchelo, pero eso no cambiaba su pronunciación, mucho menos la suavidad y la intensidad con la que él lo tocaba, pues el instrumento lo había acompañado desde siempre y tenía un significado especial.

El pequeño, que se había preparado tanto con la instrucción de su profesor de música y sus padres durante un recital en el que regaló hermosos momentos a todos, anunció que se retiraría de la música por un tiempo.

Sus padres, al igual que sus conocidos e invitados al recital, quedaron confundidos con la declaración pública del niño. No comprendían lo que acababa de decir y lo que estaba haciendo, pues el talento que tenía para tocar su instrumento era único; su futuro y sus sueños se cumplían y estaba logrando cosas increíbles a tan corta edad.

Después de aquella presentación, se volvió a escuchar muy poco de él, sobre sus razones para haber dejado la música e, incluso, respecto a su familia. Por un instante, su fama se había quedo congelada en el tiempo.

Sus padres, que en numerosas ocasiones habían apoyado a su hijo, ahora lo hacían nuevamente en su difícil decisión. En una tarde tranquila se escuchó una melodía nueva en toda la casa, transmitida desde el corazón del violonchelo del niño.

Al escucharlo, sus padres subieron de inmediato al balcón en el que se encontraba y le pidieron una explicación sobre su anuncio en el recital y su apresurada decisión, pues era evidente que él seguía amando su música. El niño respondió: “La música y mi chelo serán siempre parte de mi vida, pues no hay cosa que ame más que tocar melodías con sentimiento. En los últimos meses, de pronto, he sentido que mi vida ya no me pertenece sólo a mí, sino a muchas personas que deseaban escuchar mi música, que ejercen presión no sólo sobre lo que hago, sino sobre mi vida.

Aún soy un niño. Deseo hacer muchas cosas sin pensar en qué opinarán los demás. Quiero tener secretos y llevar una vida normal. Cuando esté preparado, regresaré a tocar para los demás, pues la música debe ser compartida”.