El Cazo

La familia ha estado muy atenta escuchando las noticias, porque últimamente no ha dejado de llover y debemos tomar las medidas necesarias para no estar en peligro.

Tenía que ir a casa de una amiga para hacer una tarea en equipo, así que mis papás me dijeron todas las precauciones que debía tomar, sobre todo, que debía cuidarme. Si la lluvia no cesaba, tendría que quedarme en su casa hasta que la tormenta pasara.

Sentía que sería una aventura emocionante estar fuera de casa; la lluvia era un factor adicional y, si terminábamos el trabajo, todos los integrantes del equipo podríamos salir a jugar.

La casa de mi amiga es como la de muchos de nosotros, segura y confiable; así que empezamos a trabajar en cuanto nos pusimos de acuerdo, pero la lluvia nunca se detuvo y se oscureció temprano por las nubes cargadas de agua.

Nadie de la casa esperaba que comenzara a caer una gotera cerca de donde estábamos trabajando. Su mamá puso un cazo en el que coloca los platos para dejarlos escurrir después de lavarlos.

Nuestra amiga estaba apenada con todos nosotros por la gotera, pero un compañero le dijo que no se preocupara, pues en su casa también había una. A mí me llamaba mucho la atención aquel cazo, una pieza muy grande de metal que no es muy conocida en estos tiempos y que se ha sustituido por otros utensilios de cocina; sin embargo, ese recipiente no sería suficiente para recolectar el agua de la lluvia que entraba debido a la gotera. También entraba agua por la rendija de la puerta y las ventanas. Parecía que en muy poco tiempo se inundaría parte de la casa de nuestra amiga.

Nunca había visto que lloviera con tal intensidad y tan continuo. En algún momento, todos en la casa sentimos miedo al ver cómo el nivel del agua iba subiendo sin que la lluvia se detuviera.

Nuestra amiga tomó el cazo del piso, tiró el agua que había acumulado y comenzó a poner dentro de éste sus tesoros más valiosos, como un oso de peluche y un libro; había varios objetos preciados para ella y quería que estuvieran a salvo del agua.

Mis papás llamaron por teléfono para pedirme que me quedara en casa de mi amiga, pues la lluvia había inundado varias zonas y debíamos permanecer en un lugar seguro hasta que terminara. Los papás de los demás compañeros tomaron la misma decisión y todos pasamos la noche encerrados en un cuarto, esperando que pasara la tormenta.

La luz se fue por unas horas y el cansancio hizo que muchos nos durmiéramos en los sillones. Al día siguiente, en la mañana, cuando despertamos, vimos a nuestro alrededor una alberca dentro de la casa. El agua nos había invadido en gran cantidad y el cazo, con las pertenencias más queridas de mi amiga estaba flotando en la habitación.

En cuanto vimos esta situación, todos nos dispusimos a sacar el agua y rescatar objetos. La familia estaba triste. Su casa se había dañado por la inundación. Era la primera vez que les pasaba algo así y buscaban la manera de recuperar muchas de sus pertenencias. Cuando llegaron nuestros papás, se dispusieron a ayudar a sacar el agua. Todos juntos estábamos trabajando para lograr el bien común de la familia.

Las autoridades llegaron de inmediato para dar mantenimiento al lugar y prevenir otra inundación. Después, regresamos a casa; por suerte, nuestro hogar no había sufrido daños mayores y todo estaba bien.

La ayuda de las autoridades, así como el apoyo de los vecinos, ciudadanos y amigos me hicieron ver cómo con la solidaridad y el trabajo en equipo, se brinda la seguridad que necesitamos todos como miembros de la sociedad.

Sin duda, recordé el cazo que flotaba sin dirección en la habitación de mi amiga y pensé en lo importante que es para
nosotros proteger y cuidar lo que queremos.