El Camarón

Una mañana, no quería levantarme para ir a la escuela; era una de esas ocasiones en las que las cobijas se te pegan y quieres seguir durmiendo. Mi mamá insistía en que se me hacía tarde para llegar a la escuela; entonces, me dijo: —Recuerda:‘camarón que se duerme, se lo lleva la corriente’.

En México, es muy común este refrán y, aunque puede interpretarse de muchas maneras, en ese momento, dormí como uno de esos camarones, sin preocuparme de nada, mucho menos de una corriente marina.

Al paso de los días, llegaron los resultados de las primeras evaluaciones y, la verdad, no eran muy buenos, hasta daba pena mostrarlos. Mi mamá no estaba enojada o no parecía estarlo; después de la junta de padres de familia, sonriendo me dijo: —Evidentemente, ‘camarón que se duerme, se lo lleva la corriente’. ¿Cuál corriente?, la verdad, yo seguía sin entender.

Para mí, asistir a la escuela era una oportunidad para jugar, hacer amigos y perderme en los pasillos mientras la maestra daba clase, hasta que un día, mis papás se sentaron a hablar conmigo. Papá me dijo que ellos hacían un gran esfuerzo para que fuera a la escuela y deseaban ver el mío en los estudios.

Mamá me explicó que todos los niños tienen derecho a ir a la escuela aunque muchos no asisten por diferentes circunstancias; también me enfatizó que algunos, lamentablemente, desaprovechan la oportunidad de estudiar. No quería perder la oportunidad de estudiar, ¿qué haría si no fuera a la escuela?, o ¿qué harían los niños si no fueran a la escuela?

Curiosamente, fui de excursión escolar a un acuario. Para mi sorpresa, había unos camarones posados sobre una piedra bajo el agua; me quedé un largo rato mirándolos; parecían inmunes a la fuerza del movimiento, nada los movía. Tenía presente aquel dicho: “camarón que se duerme…”, ¿no sería mejor “camarón que persiste logra lo que quiere”?

Durante muchos días, estuve pensando a dónde lleva la corriente a los camarones que se duermen, quizá a todos los lugares, menos a donde desean llegar.

Le pregunté a mamá por qué hacía la comparación del camarón con los estudios; ella me sonrió contenta de que al fin le preguntara y me dijo: —Es un consejo. Los camarones pueden ser las personas; aquellas despistadas, que se duermen y no persiguen sus metas, se las lleva la corriente. Lo mejor es estar preparado y, para ello, debemos estudiar.

—¿Y los camarones que persisten consiguen lo que quieren?. —Ella respondió que sí, que las personas que tienen metas claras en su vida y que luchan hasta alcanzarlas, aunque haya alguna corriente, algún percance, amenaza o situación inestable, si están pendientes y cuentan con la preparación suficiente, tendrán la confianza de que todo saldrá bien.

Ese día, vi el estudio desde otra perspectiva y, al recordar a los camarones del acuario, quise ser inmune a la corriente. Pasaron las semanas, llegó el día del examen. Me sorprendí mucho de mis resultados; nunca me había ido tan bien. Mis papás me felicitaron e, incluso, celebraron conmigo.

En México, debemos enfocar nuestros esfuerzos en lo que podemos hacer, como estudiar y reflexionar en lo importante que debe ser esto para nosotros, pues si nos preparamos, llegaremos a donde realmente deseamos estar y no a donde la corriente nos lleve.