La Dama

La casa de mis abuelos es muy acogedora, llena de objetos antiguos y de recuerdos que pertenecen a sus memorias. Las paredes se cubren con muchos portarretratos y me detengo a observar una antigua fotografía a color, en la cual aparece mi abuela de joven. En su postura, así como en la elegancia y calidez de su mirada, descubro su belleza.

Mi abuelo me dijo que ella siempre fue una dama educada; una persona ejemplar que se dio a respetar en una época muy difícil, en la que la mujer comenzaba a participar más en las decisiones culturales y sociales.

Al ver su fotografía y escuchar hablar de ella, aprendí sobre su vida y su perseverancia para cumplir sus sueños. La historia de cómo se conocieron y se casaron me la sé de memoria, pues a mi abuelo le encanta contarla una y otra vez; a decir verdad, parece que la tomó de una película y la hizo parte de la vida real.

Mi abuela perteneció a una familia muy rica y recibió una gran educación; mientras que mi abuelo, sin ser parte de una familia adinerada, tuvo la oportunidad de estudiar con ella en su preparación profesional y fue ahí donde se conocieron.

Se trataron durante algún tiempo. Mi abuelo la frecuentaba en las tardes, cuando ella salía a comprar algún mandado y se pasaban las horas platicando; hasta que un día, entre los dos llegó a existir un amor que no desaparecería nunca.

Sin embargo, mi abuela estaba comprometida a casarse con alguien más desde que era pequeña; situación que mi abuelo no podía impedir, pues en esa época, ella era la única que podía hacer algo.

Cuando mi abuela dio a conocer sus planes sobre casarse con mi abuelo, sus padres se negaron rotundamente, le dejaron muy en claro que si no aceptaba casarse con quien estaba comprometida, perdería su herencia y todo lazo con su familia. La situación era complicada, pues amaba a mi abuelo y no aceptaría casarse con otra persona que no fuera él.

Ahora que escucho a mi abuelo hablar sobre ella, sus ojos se llenan de un brillo tan inmenso que parecen estrellas fugaces. Él la recuerda como su gran amor y, además, como una mujer muy valiente y de gran corazón.

Los padres de mi abuela apresuraron una boda arreglada y estaban dispuestos a casarla en contra de su voluntad, a pesar de que amaba a mi abuelo. Mi abuela no estaba dispuesta a llegar al altar con un extraño.

Un día, tomó una pequeña maleta con lo necesario, se presentó frente a sus padres y con firmeza habló con ellos, les dijo que agradecía todo lo que le habían dado, pero que no aceptaría casarse con un extraño, pues eso quebrantaba no sólo su alma, sino su corazón.

Sé que muchas veces hemos escuchado historias como éstas y pensamos que salen de una película, pero son ciertas. Mi abuela renunció a su herencia y a su familia; se casó con mi abuelo. Se mudaron a otro estado de la república y comenzaron a vivir nuevamente con libertad.

Después de conocer esta historia, veo a mi abuela no sólo como una dama, sino como una mujer ejemplar que nunca aceptó hacer las cosas en contra de su voluntad y mucho menos casarse sin amor.

Espero retomar la firmeza de mi abuela y seguir su ejemplo, pues si algún día deseo casarme, será sólo mi decisión y tendré la confianza de decidir con quién pasaré el resto de mi vida. Ahora sé que es un derecho que debe ser respetado. Perder la herencia y el apellido familiar es poco cuando se trata del amor y de la libertad de una persona.