La Campana

Por primera vez, los niños pasarían sus vacaciones con sus tíos en aquel pequeño pueblo. Sus papás consideraban que era una buena oportunidad para que ellos convivieran en el campo, pues la monotonía de la ciudad y las nuevas tecnologías capturaban toda su atención.

Los primeros días fueron difíciles porque los niños se aburrían; sin embargo, la casa de sus familiares tenía una hermosa vista al pueblo, donde la tranquilidad se sentía, hasta que la enorme campana de la antigua iglesia
repicaba.

La campana estaba coordinada con un viejo reloj y los pequeños tintineos advertían que el tiempo pasaba, pero su principal función era indicar el momento de reunión de muchas personas.

Algo que para la gente del pueblo era tan común había llamado la atención de los niños, pues además de que el sonido llegaba claro a sus oídos, veían cómo las personas salían de sus casas y se reunían en un solo lugar. Las señoras caminaban con prisa por las calles, tratando de llegar puntuales a las reuniones y el tío de esos pequeños les explicaba por qué.

La campana, desde tiempos antiguos, ha tenido muchas funciones, pues el sonido acústico que emite se escucha a grandes distancias y sus diferentes resonancias informan distintos acontecimientos, tanto los más alegres, como una boda o una fiesta, hasta los más solemnes, como un funeral.

Aquellos niños disfrutaban las pequeñas cosas que encontraban en el pueblo; entre más observaban, más cosas descubrían. Entre la tranquilidad de las calles y su gente, comprendían que todos se conocían, se saludaban y se reunían a compartir tanto sus dichas como sus desventuras.

Los niños se disponían a dormir; listos con sus pijamas puestas se despedían de sus tíos. De pronto, en la serenidad de la noche, la campana interrumpió el silencio con un sonido que asustó a los pequeños y alarmó a los adultos.

—¡Algo sucede!, —exclamó la tía. Para los niños era sorprendente ver cómo la gente acudía al llamado de la campana, las personas salían de sus casas y, a lo lejos, se veía una gran multitud; su tío pronto se reuniría con ellos.

Momentos después, se dejó de escuchar la campana, pero el tío aún no regresaba. Los niños se preguntaban qué estaría pasando afuera; no podían resistir la curiosidad, era algo que querían ver.

La tía los tranquilizó comentando que todo estaría bien, que cuando algo importante sucedía, la campana era el medio para llamar al pueblo. La comunidad se reunía para ayudar, sea cual fuera la circunstancia, como en esta ocasión, y ella lo remarcaba diciendo: —Si recuerdan bien sus clases de historia, el grito de Dolores, con el que Miguel Hidalgo dio inicio al movimiento de independencia de México, lo hizo por medio de una campana, con lo cual logró que mucha gente se uniera a su causa.

Después de un rato, el tío volvió exhausto, pues una pequeña casa en las orillas del pueblo se estaba quemando y la gente ayudó a apagar el incendio. Todo volvió a la normalidad y, al día siguiente, muchos se enteraron del acontecimiento.

Cuando las vacaciones terminaron, los niños volvieron a casa. Sus papás les preguntaron qué experiencias habían vivido y qué habían aprendido en el campo; una de sus hijas respondió que una campana, de poco uso en la ciudad, era de gran utilidad en el pueblo, porque reunía a las personas para celebrar fiestas y diversos eventos, pero también servía como un llamado de ayuda a la comunidad que, con voluntad, acudía para socorrer a los vecinos en momentos de peligro; por eso la convivencia y los lazos que unían a las personas del pueblo eran tan fuertes como el sonido de la campana.