El Alacrán

Mi papá me ha dado una clase muy entretenida sobre la protección y el cuidado de nuestros derechos, específicamente cuando en alguna ocasión llegamos a ser juzgados por nuestras acciones.

Todo comenzó por una confusión que tuve cuando encontré entre mis cosas un objeto que no era mío y, al preguntar de quién era, me acusaron de que lo había tomado sin permiso e, incluso, de que lo había robado. Al final, aclaré que lo había encontrado en mi mochila y que sólo pretendía regresarlo. Pensé que debía expresar lo que había sucedido realmente, me creyeran o no.

Cuando le conté esto a mi papá, él me dijo un refrán para hacerme reflexionar: “‘no hagas cosas buenas que parezcan malas’, pues a menudo, la gente juzga a los demás sin comprender la situación, porque, en ciertos casos, es muy difícil diferenciar la verdad de la mentira”.

Mi papá dibujó y recortó cuidadosamente una figura de papel, después la puso a contraluz. Una sombra enorme se plasmó en la pared: era la forma de un alacrán. La sombra era tan nítida que sentí miedo y curiosidad. Me explicó que, el alacrán, por su picadura y veneno es juzgado por el hombre como un arácnido peligroso.

Utiliza su veneno para defenderse, sin embargo, muchas veces creemos que quiere atacarnos. Es muy común pensar de esa forma, pues cuando prendemos la luz en un cuarto oscuro o dejamos muchas cosas tiradas en el piso, nos encontramos con algún alacrán en busca de alimento o refugio.

Al ver la sombra, llegué a la conclusión de que todos percibimos una realidad borrosa, que necesita dibujarse con claridad antes de emitir un juicio sobre los hechos.

Le pregunté a mi papá cómo podría juzgarme correctamente y él respondió que me conoce lo suficiente para saber que no haría tal cosa, como tomar algo que no era mío.

Por eso, cuando sucede una situación que involucra un juicio, testigos y personas que se reúnen para defendernos de las injusticias, pues no se puede someter a un castigo, sin conocer la verdad de los hechos.

Al mirar nuevamente la sombra del alacrán, pensé en quién protege a esta pequeña especie de la muerte; cuando está al acecho en nuestras casas, él no sabe que invade un lugar habitado por humanos, y que ambos corren peligro.

Debemos tomar precauciones y saber defendernos. Matar al alacrán puede ser una decisión válida, pero no la más inteligente. Tampoco debemos tocarlo ni motivarlo a que nos pique.

Mi papá quitó la sombra y me dijo: —Si las personas te juzgan por lo que ven, evita hacer cosas que se puedan poner en duda, sin antes conocer a los demás. Es mejor que aprecies el mundo por sus buenas acciones que por las malas; si haces un equilibrio entre ambas, vivirás con optimismo, pues la verdad siempre se conoce.

Al día siguiente, en la escuela, varios compañeros se disculparon conmigo, pues alguien había hecho una broma y dijo la verdad después de haber sentido culpa. La maestra había pedido una explicación sobre lo sucedido y, al final perdonó la travesura; también advirtió sobre las consecuencias de volver a cometer este tipo de actos. De ahora en adelante, tendré más cuidado, pues, al igual que el pequeño alacrán, debo evitar realizar acciones que puedan causarme daño.