El Corazón

Regresé a donde había plantado mi árbol, que me aguarda con su cálida sombra; me senté a su lado y recordé los hermosos momentos que he vivido junto a él, como la última vez que vine con mi abuelo.

Esta vez, les pedí a mis papás que me acompañaran y me ayudaran a escarbar la cápsula del tiempo que guardé. Adentro de ésta, estaban muy bien conservadas las dos cartas; aún recuerdo la mía con letra deforme, pero con la firme intención de vivir en armonía con la naturaleza.

Y, junto a mi carta, está la de mi abuelo, una que he esperado leer con ansias desde que él la depositó en ese lugar. Me dijo que algún día leería estas líneas y no puedo esperar más.

A pesar de que hace algunos meses guardamos esas cartas, siento que ha pasado mucho tiempo y, hasta ahora, es lo más cercano que tengo a mi abuelo. Tomé la carta en mis manos y la leí.

Para mi corazón:

El amor que vive en tu alma es un rayo de luz que ilumina el mundo de los que hemos crecido. La inocencia y la esperanza viven en ti. Eres la esperanza de nuestro país. Conoces tus derechos y has fundado tu educación en valores que te ayudarán a ser mejor persona cada día.

Vivirás experiencias que te permitirán ampliar tu panorama sobre el camino que vas a tomar. Éstas te servirán para comprender mejor las señales y evitar equivocaciones. Conocerás personas que te apoyarán y que acompañarás durante el recorrido y, aunque no todas estarán contigo hasta el final, te enseñarán a disfrutar de la vida al máximo.

Lo más importante es que tienes una misión en esta tierra y, cuando la definas, sabrás que formamos parte de un plan maravilloso; la mía era enseñarte un juego popular mexicano, llamado lotería, en el que el azar y el destino a veces se juntan. Ambos descubriríamos que había historias ocultas bajo cada imagen que reinterpretamos.

Todas estas historias nos enseñarían los derechos humanos, proclamados por la Organización de las Naciones Unidas en 1945. En éstos se especificarían también nuestros deberes y responsabilidades con nuestra comunidad.

Los derechos humanos nos confieren la plena libertad de acción en nuestra vida y nos orientan para no corromper nuestros valores.

En ti pongo toda mi confianza. Sé que tu corazón siempre será puro y de buenos sentimientos. Harás lo correcto por convicción, no por imposición. Crecerás formando tus propias ideas, promoviendo con tus acciones todo lo que has aprendido.

Te quiero mucho.

Atentamente

Tu abuelo

Mis ojos se han cristalizado al leer su carta. Extraño a mi abuelo como nunca pensé que se podía echar de menos a alguien; pero comprendo que él, desde hace mucho tiempo, creó un lazo muy fuerte que nos unirá siempre.

Él representa los derechos de cada ser humano; yo, los valores. Mientras éstos existan, los derechos serán
respetados; viviremos con orden, seguridad, protección y unión.
Si todas las personas los practicamos a diario, no serán olvidados, quebrantados o destruidos.