Los Peligros de los Padres Distraídos

Si le pregunto, estimado lector, cuáles son los peligros que implican los teléfonos celulares o teléfonos inteligentes, seguramente lo primero que viene a su mente son los accidentes automovilísticos debido a los conductores que van atendiendo sus mensajes en lugar de concentrarse en manejar de manera segura. Es increíble, pero hasta las mamás, manejando cuando sus hijos van dentro del automóvil, son capaces de ir con el celular en la mano. Otras respuestas que pueden dar, pensando en los problemas de los teléfonos, son la alternación del sueño, la falta de empatía y los problemas de relaciones.

Sin embargo, de acuerdo a la autora Erika Christakis de la revista The Atlantic, un problema clave sigue sin ser apreciado adecuadamente. Involucra el desarrollo de los niños. Ustedes podrán pensar que es debido al tiempo que los niños dedican a los dispositivos, que es un asunto importante. Con lo que nos deberíamos preocupar es con los papás desconectados.

Los papás y mamás están presentes con sus hijos físicamente, pero están desconectados emocionalmente. Ya desde hace 20 años la experta en tecnología Linda Stone lo llamó “Atención parcial continua”. Esta condición no solo afecta a los adultos. También afecta a los niños. El nuevo estilo de interacción de los padres puede interrumpir el sistema ancestral de señales emocionales, base de la comunicación responsiva, la base de la mayor parte del aprendizaje humano.

La autora cita que para los expertos en desarrollo infantil tienen diferentes nombres para este sistema de señales diádicas entre un adulto y un infante, que crea la arquitectura básica del cerebro. El pediatra y director del Centro de Desarrollo Infantil de Harvard, le llama el estilo de comunicación “servir y retornar”; Por otro lado, las psicólogas Kathy Hirsh-Pasek y Roberta Michnick Goinkoff lo describen como el “Dueto conversacional”. Los patrones vocales que los padres tienden a adoptar durante su intercambio con niños pequeños son marcadamente más agudos, con gramática más simple, involucrados y con un entusiasmo exagerado. Aunque esta forma de hablar es empalagosa para los adultos, para los infantes nunca es suficiente. No solo eso, un estudio demostró que los infantes expuestos a este tipo de interacción interactiva, y emocionalmente responsiva a los 11 y a los 14 meses conocían el doble de palaras en comparación con los niños que no habían sido expuestos a él.

De acuerdo a Christakis, la autor, el desarrollo de los niños es relacional, que es por lo que, en un experimento, los bebés de nueve meses que recibieron unas cuantas horas de instrucción de chino-mandarín podían aislar ciertos elementos fonéticos en el idioma mientras que, otro grupo de bebés que recibieron exactamente la misma instrucción mediante video, no lo pudieron hacer. De acuerdo a Hirsh-Pasek,  profesora de la Universidad de Temple y de la Institución Brookings, más y más estudios están confirmando la importancia de la conversación. “El lenguaje es la mejor forma de pronosticar el éxito académico y, la base para habilidades lingüísticas fuertes son esas conversaciones fluidas de ida y vuelta, entre los niños y los adultos” aseguró.

Por ello florece un problema cuando el sistema de señales emocionalmente resonantes entre adultos y niños, tan importante para el aprendizaje, es interrumpido por un mensaje de texto, o un rápido chequeo a redes sociales como WhatsApp, Instagram o Facebook. Hay estudios que demuestran la distracción de los padres con los dispositivos electrónicos. La cantidad de accidentes con menores ha aumentado en función del incremento en con el uso de celulares. Este hacho ya ha sido cubierto por los medios. Sin embargo, hemos sido más lentos para ver el impacto en el flujo del desarrollo cognitivo. Los infantes no pueden aprender cuando cortamos el flujo de la conversación para atender una llamada al celular o para revisar lo que aparece en nuestras pantallas, dijo Hirsh-Pasek.

A principios de  la década del 2010 investigadores de la ciudad de Boston observaron a 55 cuidadoras/es comiendo con uno o más niños/as en un restaurante de comida rápida. Cuarenta de los adultos estaban absortos con sus celulares a diversos grados, algunos ignorando a los niños totalmente (los investigadores observaron que era mayor el uso de mensajes de textos y el deslizar pantallas comparado a que hablaran por teléfono). No fue sorpresivo que muchos de los niños empezaran a tratar de llamar la atención, pero que con frecuencia fueron ignorados. Un estudio de seguimiento llevó a 225 mamás y sus hijos/as de aproximadamente 6 años a un ambiente conocido y  grabaron en video sus interacciones mientras que cada madre y niño/a se les dio comida para que probaran. Durante el periodo de observación 25% de las mamás utilizó espontáneamente su teléfono y aquellas que lo hicieron iniciaron muchas menos conversaciones verbales e interacciones no verbales con su hijo/a.

La falta de atención ocasional de los padres no es catastrófica y puede incluso, construir resiliencia, pero la distracción crónica es otra cosa. El uso de los dispositivos electrónicos ha sido asociado con un signo de adicción: los adultos distraídos se vuelven irritables cuando se interrumpe su uso de la tecnología; no solo pierden señales emocionales sino que además las malinterpretan. Un padre desconectado se enojará más rápido que uno que esté involucrado, pensando que el niño lo quiere manipular, cuando, en realidad, lo que busca el menor es llamar la atención. La separación corta puede no causar daño pero, esa separación es diferente de la falta de atención que ocurre cuando el padre/madre está físicamente con el niño/a pero que está comunicando, a través de su falta de compromiso, que el menor es menos importante que sus mensajes.

Los adultos modernos nos hemos esclavizado a estar disponibles para todos a todas horas. Hay que darnos la oportunidad de dar un paso atrás. Por el bien de nuestros niños, por favor, cuando estés con tu hijo/a, guarda tu teléfono celular.

Fuente:

Erika Christakis

The Dangers of Distracted Parenting

The Atlantic July/August 2018

www.theatlantic.com/magazine/archive/2018/07/the-dangers-of-distracted-parenting/561752/