Opinión: Los maestros no son perdedores, son salvavidas.

Tras el comentario vertido en un evento político en El Paso Texas el pasado 10 de febrero, el hijo de Donald Trump le dijo a los jóvenes que estaban presentes: “…no tienen que ser endoctrinados por ese montón de maestros perdedores”. Este comentario llevó a Kristin Karnitz a publicar la siguiente nota en el periódico PBSNews.

Maestros perdedores.

Ha habido muchos momentos durante la presente administración que me han quebrado. Pero este, por alguna razón, me pegó especialmente duro. Quizá era mi estado de ánimo. Quizá era el largo invierno, quizá fuera algo que comí. Quizá era porque  la verdadera base de nuestro sistema educativo estaba siendo atacada. Me sentí enferma.

Vengo de una larga línea de maestros perdedores. Soy nieta de una maestra perdedora, La sobrina de una maestra perdedora. La prima de un maestro perdedor. La hermana de un maestro perdedor. La amiga de muchos maestros perdedores.

Alguna vez, yo misma pensé en convertirme en una maestra perdedora. Pero cuando llegué al punto de tener que decidir, me eché para atrás. No era lo suficientemente fuerte. No era lo suficientemente desprendida. No era lo suficientemente perdedora.

Verán, ser un maestro/a perdedor/a requiere de una fortaleza que me percaté con suficiente tiempo, que no contaba con ella, al menos cuando tenía 20 años y que estaba tratando de navegar hacia mi futuro. Pienso en los maestros perdedores de nuestro país y de lo que se requiere para ser uno de ellos. Aunque no sea una maestra perdedora, me voy a tomar la libertad de educar a todos los “ganadores” no educadores. Los veranos libres son un mito. Muchos maestros tienen que trabajar una segunda chamba, o dan cursos de verano. Casi siempre es para ayudar a sus ingresos. Y una parte de eso, su propio dinero, se reinvierte a los salones de clase. Cuando los presupuestos están muy justos, y un maestro de primer grado necesita un tapete para que sus alumnos se sienten para lecciones grupales, lo compra él mismo. Muchos maestros tienen algunas cosas de comida que compraron con su dinero, para poder darle una barrita de granola al niño que llegó ese día a la escuela sin haber desayunado. Es difícil aprender con el estómago vacío. Y no sé ustedes, pero yo no veo maestros paseando por la ciudad manejando un Mercedes convertible durante su tiempo libre en el verano.

¿Días de trabajo cortos? Una jornada escolar puede ser de alrededor de 7 horas para los niños. Los maestros perdedores tienen que llegar más temprano y quedarse  hasta que se van. Pasan las tardes preparando planes de clase y calificando trabajos. Tienen juntas, actividades extracurriculares que encabezan, presentaciones y clases de educación continua que requieren tomar para mantener sus trabajos y sus licencias vigentes. La responsabilidad de los maestros perdedores se extiende más allá de pararse frente al grupo compartiendo una lección. Se espera que los maestros usen más sombreros que los que la mayoría de nosotros jamás pudiéramos imaginar ponernos.

Los maestros no son solo educadores. Son consejeros. Yo tuve un maestro cuando estuve en secundaria que se acercaba a los alumnos que presentaban signos de depresión. Se reunía uno a uno con ellos y les extendía la mano. Lo sé porque fui uno de esos alumnos. Y casi 30 años más tarde, no olvido el día que se sentó junto a mí y puso su mano sobre mi mano temblorosa para darme seguridad y ayudarme a navegar ese lugar oscuro.

Los maestros no son solo educadores. Son padres sustitutos. Hay tantos niños que vienen de hogares destrozados o de situaciones inestables. Un abrazo de un maestro puede ser el único momento en que la criatura recibe una expresión de cariño en todo el día. Una expresión de ánimo o un dame cinco en el pasillo puede ser la única señal de reconocimiento que un niño reciba en toda la semana. Un par de guantes puede encontrar su camino al interior de un locker de un estudiante que de no ser por eso tendría sus manitas heladas en el patio de juego o en el camino a casa de regreso. Ellos imparten disciplina. Ellos dan cariño. Ayudan a que las pequeñas mentes crezcan en un medio ambiente estable, y que quizá sea el único momento en que lo sienten los niños en sus vidas.

Los maestros no son solo educadores. Ellos salvan vidas. En un mundo donde se hacen simulacros regulares en caso de que haya alguien disparando en la escuela, los maestros tienen que estar atentos en todo momento. Ellos son los protectores de estas jóvenes vidas. Cuando lo inimaginable sucede, algunos han hecho hasta el último sacrificio.

Algunos han recibido una bala para salvar niños que no son suyos. ¿Acaso alguno de ustedes “no perdedores” haría lo mismo?

Entonces, para hacer un resumen de la lección: Los maestros no son solo educadores. Son ángeles que diariamente están entre nosotros. Ellos merecen nuestro apoyo, nuestro respeto y nuestra nunca suficiente gratitud.

Fuente: https://www.pbs.org/newshour/education/opinion-teachers-arent-losers-theyre-lifesavers

Traducción de Patricia León