El Nopal

Un día una de mis tías llamó a mi mamá, pues a su hija, mi prima la más grande, le habían dado la nacionalidad de otro país. La familia había estado esperando esta noticia durante mucho tiempo y dijo que esto la beneficiaría porque ella tendría mejores oportunidades en el lugar donde iba a vivir.

A decir verdad, creo que debió haber sido una decisión difícil. La nacionalidad es algo con lo que nacemos; aunque mi abuelo me ha dicho que tenemos el derecho de cambiarla, pienso que siempre llevamos nuestro país natal en el corazón.

Esta prima ha sido muy cercana a mí, por ello, he pensado en hacerle un regalo que le recuerde lo hermoso que es México, pero que, al mismo tiempo, sea un símbolo de esta tierra, desde nuestra cultura, como lo es la comida, hasta nuestras raíces.

Pasé varios días pensando en algo que tuviera un significado especial y que ella pudiera llevar a su nuevo hogar. Una semana antes de que se fuera, se me ocurrió una idea. Cuando llegué a casa, después de la escuela, le pedí un favor a mi mamá y ella, con gran gusto, aceptó ayudarme.

Después de una tarde de jardinería, sembramos las semillas de una tuna en un pequeño recipiente artesanal y esperamos que pronto creciera un nopal en esa maceta.

Llegó el día de la fiesta de despedida, y mi prima, quien es una joven, tuvo un momento para aceptar mi regalo. De la pequeña macetita con tierra y un moño rojo, aún no había crecido nada, pero le aseguré que debía llevarla consigo a su nuevo país y descubrir ella misma lo que sería.

Aún recuerdo algunas palabras de lo que le dije: —La flora flora que crecerá de estas semillas originarias de aquí tiene un significado muy valioso para nosotros como mexicanos y, si la siembras en éste lugar o en otro lugar, es un símbolo de nacionalidad. Sin importar el espacio en el que esté, crecerá en recuerdo de sus raíces, dará flores y fruto; aunque la llamen con otro nombre, las personas reconocerán de dónde proviene.

Me abrazó y me agradeció por el regalo; me dijo que lo cuidaría durante su crecimiento y lo guardaría como un obsequio muy preciado de México, hasta que regresara a visitarnos nuevamente.

Pasaron varios meses, y pensé qué sería de mi prima y de aquel pequeño regalo; me preguntaba si habría crecido el nopal y si le habría gustado. Mamá me había comentado que la naturaleza, al igual que las personas, debe adaptarse al lugar al que llega, aclimatarse y sentirse en casa; en ese momento, comprendí que mi prima cambió su nacionalidad para pertenecer a otra comunidad y seguir sus sueños.

Después de tanto tiempo, hoy desaparecieron todas mis preguntas. Mi prima me ha enviado una carta con fotografías muy interesantes del nuevo país donde vive ahora.

En una de aquellas fotos, me emocioné al ver un joven nopal muy bonito que ya está retoñando; en la parte de atrás, venía un mensaje escrito por ella que decía: —No pensé que de aquella maceta nacería un hermoso nopal. Me sentí muy feliz cuando lo vi crecer y estoy segura de que es el recuerdo más vivo que tengo de México. Al parecer le ha ido muy bien en su nuevo hogar.

Abracé a mi mamá y le respondí la carta a mi prima. No pude esconder la felicidad de haber visto crecer el nopal en otro país, pues está en el escudo de nuestra bandera, y nuestros desiertos mexicanos están llenos de esta flora que abunda con sus tunas.