La Rosa

Se acercaba el Día del Amor y la Amistad y los niños preparaban los regalos tanto para su maestra como para sus amigos. Los salones se llenaban de corazones en las ventanas; además, se realizaban actividades como escribir cartas al amigo secreto.

Entre la emoción y el ambiente de regalos y abrazos, una pequeña niña se sentía triste y desanimada. Como pensaba que no tenía amigos, se quedaba sola en un rincón del salón, mientras los demás hacían los preparativos.

Al ver la situación, una de sus compañeras se acercó a ella y le preguntó qué le sucedía, pues no había motivos para alejarse, al contrario, pronto sería el Día de San Valentín.

La niña, triste, respondió que no le gustaba esa fecha, porque las personas regalaban dulces, chocolates y corazones, pero después se olvidaban de sus amigos. La otra comprendió que algo debió haberle sucedido a su compañera, para que pensara de esa manera y le respondió: —No puedo decir lo mismo que tú; no siento que me haya olvidado de mis amigos. La amistad es un regalo que nosotros damos a diario y lo reafirmamos. El Día de San Valentín, te daré un regalo que recordarás por siempre.

Las dos pequeñas comenzaron a llevarse más y su amistad iba creciendo conforme pasaba el tiempo. La tristeza de la niña había desaparecido, ya no se sentía tan sola; mientras que la otra se ganaba su confianza y le preparaba su regalo.

Un día antes del 14 de febrero, las dos almorzaron juntas en el recreo. La niña que anteriormente había estado triste no mostraba más aquella actitud de desánimo y le dio las gracias a su nueva amiga por haber estado en su compañía, pues, por alguna razón, sentía que no merecía tener amigos.

Se sentía diferente; su condición económica no era la misma que la de los niños que estudiaban en esa escuela. Consideraba que ella era más pobre y no debería estar ahí.

A lo que una vez más, su amiga le respondió que todos en esta vida merecían encontrar una amistad verdadera, sin importar las diferencias o razones; disfrutar del cariño y amor de los papás, al igual que el de los compañeros,
era un sentimiento muy bonito, así como disfrutar de la vida es un derecho de todos, y no había motivos para sentirse ignorada; además, podía contar con su amistad.

La escuela estaba llena de globos y regalos; abundaba la felicidad y la dicha. Por primera vez, en muchos años, la niña estaba contenta y les regaló una paleta de dulce a todos sus compañeros.

Su amiga llegó, ésta se alegró y le dijo que era un buen detalle; a lo que la otra respondió que había sido ella quien le había enseñado a brindar a todas las personas buenos sentimientos y a no rechazar a nadie por ningún motivo.

Ambas se dieron un abrazo y la pequeña, que desde el principio intentó alegrar a su amiga, sacó de una cajita una hermosa rosa de papel, tan delicada como natural, que había teñido y hecho a mano.

Cuando su amiga la miró, sus ojos se llenaron de alegría. Era un regalo singular. La pequeña que la había elaborado le dijo: —Esta rosa tiene un significado muy especial. Desde el momento en el que la empecé a hacer, la he ido regando todos los días con tu confianza y cariño. Será duradera y en ésta quedará el recuerdo de que somos amigas. La belleza de esta flor será apreciada por todos los que deseen encontrar la amistad.

La maestra entró al salón y todos los niños retomaron sus asientos. Aquella hermosa rosa de papel, que llamaba la atención por sus preciosos pétalos, era valorada tanto por quien la regaló como por quien la recibió. La amistad y el amor son un regalo que se da sin juzgar a las personas.