Prólogo

Los niños son una prioridad en nuestro interés por conocer y hacer realidad sus deseos de gozar, de ser activos plenamente, de vivir en un ambiente de respeto, cordialidad y libertad. Cumplir estos deseos implica dar atención; atender demandas de educación por parte de los padres, los maestros y las autoridades gubernamentales, que han de enmarcarse en los valores sociales e individuales, principalmente, en los derechos humanos.

Es así que la necesidad de encontrar un camino en nuestras sociedades para atender estas demandas es lo que escuchamos en las escuelas y en nuestras familias. Pasar de pequeñas (buenas acciones) a grandes acciones diarias (no violencia) es tarea de todos, porque estamos regidos de igual forma por las leyes de los hombres.

Es importante subrayar una vez más las acciones de todos los días; encontrar los espacios, tanto físicos como mentales, de verdad y justicia que nos guíen a través de las pequeñas historias que incrementan nuestros esfuerzos para mejorar tanto nuestro cuerpo como nuestra alma y cumplir así los objetivos como la nobleza, la dignidad, el amor y la identidad, que son propios de todos los seres humanos en la realización social e individual, así como en las relaciones entre nosotros, que se dirigen permanentemente hacia metas que transforman a través de la coexistencia pacífica el mundo material y espiritual, donde la naturaleza nos llama continuamente.

Para alcanzar los objetivos mencionados, es imprescindible convencer a los niños acerca de la bondad de los derechos humanos, los valores enseñados y las acciones de la vida cotidiana; ver a los otros entregados a la bondad. La acción, por consiguiente, se establece, primeramente, en la actuación de todos los que la configuramos en silencio o a través de la palabra y la circunscribimos en la generosidad del gesto y la guía moral.

Es importante considerar la relación entre padres e hijos, porque en ella está la semilla hacia la finalidad perseguida: imitar del adulto la manera de vivir y hablar.

Al paso del tiempo, nos daremos cuenta de cómo imitan los niños a sus mayores con sus acciones, ahora de adultos, cumpliendo la vivencia de los derechos como marco de referencia para propiciar la paz, la bondad y el respeto.

La actuación libre de los niños frente a las imágenes conducirá a todos los que se acerquen a este texto y encuentren la similitud clara existente entre las imágenes y las historias. Acordémonos de la educación que pone sobre la mesa el movimiento, la acción corporal y el pensamiento; todos éstos se fomentan en los niños, son una prioridad en su formación como personas.

Estas reflexiones se evidencian en el libro para conducir las acciones de los niños en medio de las resonancias de hablar bien o correctamente, palabras que en la cultura han adquirido un significado que se refleja en todo lo que hacemos.

No nos alejemos de este capital humano, rico en sus manifestaciones, las cuales, al transmitirse a los niños a través del libro, influyen en su desenvolvimiento.

Este libro, Historias de la Lotería, nace y se da a conocer, precisamente, para mostrar un sendero accesible y, a la vez, ameno, para transmitir a los niños los valores mencionados para la convivencia pacífica.

Entendamos entonces por qué y cómo este libro es la orientación escrita de lo que se va a hacer con los niños con libertad y justicia, bases inconfundibles de una comunidad o civilización impregnada de estos valores.

Se simplificó la presentación de las vivencias encontradas en Historias de la lotería como muestra de la riqueza inmensa de los actos de bondad para el conjunto de las manifestaciones de generosidad que ofrecemos a los niños.

Dr. Juan María Parent Jacquemin